Porque lo malo lo convierto en arte. Lo que no debería hacer lo convierto en la primera salida para escapar del dolor. Soy idiota, siempre lo seré, me arrepiento, sí, pero no voy a ir diciendo ahora que no me ayuda a desahogarme, porque sí, si que lo hace. No es un juego, lo sé, pero lo he convertido en algo imprescindible para sentirme mejor conmigo misma cuando siento que no hay nadie que me salve. Pero aquí estoy, escondiendo cicatrices que nunca acaban de sanar, pero sigo con la cabeza alta pase lo que pase.
Siempre supe que la tormenta deja secuelas, pero yo lucharé contra todas ellas.
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